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Desde enero del 2003, al menos 48.500 hombres y mujeres han dejado la guerra. ¿Dónde están, qué ha pasado con ellos y cómo debe prepararse el país para recibir a otros miles que llegarán por el inminente proceso de paz?

Un 'expara' que da 38 empleos a desmovilizados

Por: NÉSTOR ALONSO LÓPEZ L. ENVIADO ESPECIAL DE EL TIEMPO | 2:19 p.m. | 15 de Septiembre del 2012

Abelardo Restrepo brinda trabajo a desmovilizados en empresa de confecciones que creó con un hermano.

Abelardo Restrepo andaba, hace 11 años, por los barrios encumbrados de Medellín buscando jóvenes para que patrullaran los territorios del bloque Centauros, en el oriente del país. Hoy, a los 38 años, sigue 'reclutando', pero ya no para la guerra, sino para la empresa de confecciones que creó con un hermano.

De los 38 empleados de Warning.co, cinco son exparamilitares y exguerrilleros. Abelardo asegura, orgulloso, que si no hay más es porque es difícil conseguir gente preparada para cortar y pegar tela de manera armónica.

Esto, a pesar de que de 3.700 inscritos en el programa de Paz y Reconciliación de la Alcaldía, apenas 960 tienen trabajo: a 122 les consiguieron el puesto y 833 lo buscaron por sí mismos. Aun así, el director del programa, Paulo Serna, destaca que son modelo nacional y que existe subregistro (muchos consiguen trabajo, pero no lo reportan). Además, hay más de 2.900 en formación académica y laboral.

"Cuando llegaron, el 70 por ciento eran analfabetas funcionales", explica Serna. Abelardo es un buen ejemplo de esa condición. A los 27 años, cuando se desmovilizó, no conocía ni las vocales. Todo porque pasó su infancia arreando vacas en una población del occidente antioqueño. A los 12 se fue con la guerrilla y, diez años después, se metió con los 'paras'.

Tras desmovilizarse, consiguió trabajos en talleres de confección, pero le pagaban miserias con la excusa de que no tenía preparación. Luego, su hermano medio, Joaquín Molina, un ingeniero industrial, lo llevó a una firma de ropa interior masculina donde él trabajaba. Hace 14 meses montaron un taller en el apartamento de Joaquín, con seis máquinas que les alquilaron sin un peso de adelanto, con la condición de que respondieran por el pago con la primera producción. Ahora son 43, y propias.

"Nos fue muy bien, pero hubo gente envidiosa que brincó porque estábamos en una piso alto de una urbanización", cuenta Abelardo. Eso coincidió, al mes, con la llegada de otro socio, y Warning.co fue trasladada a una casona vieja en el centro de Medellín. Desde afuera, parece una apacible residencia, pero tan pronto se traspasa la puerta alta y de madera robusta retumba el traqueteo de las máquinas.

Puntadas de paz

Casi todas allí son operarias. Trabajan en silencio al son de una melodía salsera y sin apartar un segundo la mirada de la aguja. Así sacan en promedio 3.000 pantaloncillos bóxer y alrededor de 800 camisetas por día, que venden por catálogo. Hace poco, enviaron muestras a Venezuela y Ecuador para expandir su mercado. "Esta es una forma de reparar a la sociedad, porque estoy dando buen ejemplo y ofreciendo trabajo", dice Abelardo, quien, fuera de accionista, es jefe de producción.

Cada que en una estación del proceso se acumulan bastantes piezas, un joven toma el montón y lo ubica en el paso siguiente. Es Nelson* y le dicen el 'Niño' porque, a pesar de sus 30 años, parece veinteañero. Vive en uno de los barrios más altos de la comuna nororiental, donde estuvo con una banda que 'trabajaba' con el bloque Héroes de Granada. Se desmovilizó en el 2005 y se dedicó a coleccionar títulos por cuenta del Programa de Paz y Reconciliación: es técnico en gestión empresarial, logística, mecánica y electricidad de motos. "Como casi no había ofertas de prácticas, uno terminaba haciéndolas en cualquier parte y en cosas que no tenían nada que ver", dice.

Nelson lleva un año en la empresa y es de los más antiguos. Son ocho meses más de los que lleva Luz*, de 28 años y con dos hijos, de 5 y 6 años, que hizo sus primeros pinitos como costurera confeccionando chalecos, arneses y uniformes para sus compañeros, siendo guerrillera del Eln. En el 2011, desertó. Estuvo cuatro meses en un hogar de paso y salió a ganarse la vida. Ahora le saca provecho a eso que aprendió en su vida anterior, al tiempo que valida el bachillerato de noche.

Nelson está terminando la carrera de administración en la Universidad Cooperativa. Y, esta vez, sí espera aplicar lo aprendido porque Abelardo y Joaquín van a montar una nueva línea de pantaloncillos -más barata que las actuales- y le garantizan una asesoría para que se encargue de todo el montaje.

Néstor Alonso López L.
Enviado Especial de EL TIEMPO
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