De los recuerdos de su niñez están los 20 secuestros a familiares.
Lo que casi todo el país sabe de Alejandro Éder, el director de la Agencia Colombiana para la Reintegración, es que viene de una de las familias más poderosas del Valle, y que su abuelo, Harold Éder, fue el primer secuestrado asesinado por las Farc. Lo que pocos saben, y de lo que él siempre se niega a hablar, es que tenía poco más de 6 años cuando uno tras otro secuestro obligó a su familia a irse de Colombia. Y a él, a vivir 19 de sus 36 años lejos.
De los recuerdos de su niñez asustada por las noticias sucesivas de 20 secuestros en la familia -según los registros históricos-, nunca dice una palabra. Su silencio parece ser parte de su perdón.
En cambio, lleva dos años gastando discurso en las presidencias y gerencias de compañías grandes y pequeñas, intentando convencer a los empresarios de que "la paz tiene un costo" y de que empleen, ayuden con una beca o impulsen con pequeños capitales los sueños de los desmovilizados.
A él, que los sufrió como combatientes, no le cabe duda de que el rumbo de Colombia cambiará si las personas como ellos encuentran una oportunidad.
Los industriales agremiados en la Andi oyeron la voz entrecortada de Éder en la pasada asamblea en Cartagena, cuando llamó al frente a tres desmovilizados premiados por persistir, y pidió un aplauso para ellos. Algunos de los que le habían dicho no en otras oportunidades se ofrecieron para ayudar. Si Éder perdonaba, ¿por qué ellos no
SUS FRASES
"No pido empleo para los desmovilizados por ser desmovilizados, pero sí pido que no los echen por ser desmovilizados".
"Creen que los desmovilizados siguen siendo bandidos, pero no entienden que para ellos la guerra era un trabajo, como ser policía o soldado, y cambiaron de trabajo".