Por: SERGIO GÓMEZ MASERI - EL TIEMPO | 9:03 a.m. | 12 de Abril del 2012
Hace tres años, en la Cumbre de las Américas de Trinidad y Tobago, la región entera recibió con los abrazos abiertos a un recién posesionado Barack Obama. Atrás parecía quedar casi una década de George W. Bush, que con sus guerras y políticas unilaterales habían creado una brecha norte-sur que parecía difícil de cerrar.
Obama, con capital intacto tras el contundente triunfo en las elecciones presidenciales y una enorme popularidad, prometió una nueva era en la que el respeto y la asociación entre iguales serían el eje de las relaciones continentales.
Muchas cosas han cambiado desde entonces. Pero no precisamente porque Washington haya cumplido con el libreto que prometió.
De hecho, de acuerdo con Peter Hakim, presidente (emérito) del Diálogo Interamericano, la región se ha distanciado aún más de su órbita de influencia.
Algo que quedará en evidencia durante la cita que sostendrán este fin de semana en Cartagena los 33 presidentes o jefes de gobierno de las Américas y que, desde la barrera, luce incómoda para el mandatario estadounidense.
"Este es un Continente que vive un gran momento, que se siente cada vez más independiente y en el que Washington, por diversas razones, pierde relevancia con cada día que pasa", dice el experto.
Razones, hay que aclarar, que no se pueden atribuir del todo al abandono de Estados Unidos y que, a la larga, han terminado jugando a favor de los intereses de la región. Por un lado está el estallido de la crisis financiera del 2007, que aún mantiene a EE.UU. en estado convaleciente, y el subsiguiente tsunami que acabó por arrestar a muchos países de Europa.
Un escenario que América Latina ha podido convertir en bonanza dado los altos precios de los productos primarios, el flujo de capital de inversión, y la apertura de nuevos mercados con países antagonistas o competidores de EE.UU. como China, Rusia o la India.
Paralelamente, el ajuste fiscal al que se vio forzado Washington desencadenó recortes en los niveles de ayuda hacia la región.
Para ponerlo en contexto, y de acuerdo con cifras de ¨Solo los hechos¨, un proyecto que documenta el gasto de EE.UU, en América Latina, la propuesta de presupuesto de la administración Obama para el año 2013 (1.750 millones de dólares para toda la región) es la más baja que se registra desde el año 2007 y en un 12 por ciento inferior a los recursos previstos para este 2012. Y menos plata se traduce en menos huella.
Así mismo, el gobierno Obama ha estado distraído con otras serie de crisis internacionales, como la llamada "Primavera Árabe", los conflictos en Libia y Siria, la situación en Irán y las dos guerras que heredó de Bush en Irak y Afganistán.
Y para añadir, ha tenido que enfrentar una especie de parálisis interna desde que los republicanos recuperaron el control del legislativo en el 2010 y se empeñaron en bloquear su agenda de gobierno.
Ese Washington, con las manos llenas, dio el espacio para que América Latina comenzara a dotarse de organismos propios, como la Unión Suramericana de Naciones (Unasur), y la Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), donde Washington no tiene asiento y se ha ido gestando la figura de Brasil como líder regional.
Pero también han pesado las promesas incumplidas. Obama no ha podido materializar la reforma migratoria que anunció durante su campaña, su política frente a Cuba permanece inflexible y pocos cambios se han visto en la llamada ¨Guerra contra las Drogas¨, irritante permanente en las relaciones continentales.
De hecho, el mayor ¨gesto¨ hacia América Latina que ha tenido el gobierno Obama -haber sacado adelante los tratados comerciales que estaban pendientes con Colombia y Panamá- es visto como una ¨deuda¨ que esta pendiente (estuvieron cinco años en el tintero) y no como el renacer de las relaciones.
¨Latino América no puede sentir que la tratan de igual cuando los temas que más le preocupan -inmigración, drogas, tráfico de armas y Cuba- siguen siendo temas de la agenda doméstica de EE.UU. que no están sobre la mesa¨, dice Hakim.
De allí, quizá lo trascendental que tiene esta Cumbre de las Américas.
Por primera vez en la historia, afirma Hakim, es la región la que está imponiendo su agenda a EE.UU., forzándolo a discutir temas -Cuba y narcóticos- de los que que no quiere hablar y mucho menos en un año electoral como este. Al punto que varios países, entre ellos Brasil y Argentina, han planteado una especie de ultimátum, dejando claro que está sería la última Cumbre de las Américas en la que se excluirá a Cuba.
John Feeley, coordinador de la Cumbre en el departamento de Estado, rechaza con vehemencia la noción de que a EE.UU. no le interesa la región. Y como prueba resalta que la visita a Cartagena es la quinta que realizará Obama a América Latina (Trinidad y Tobago, México, Chile, y Brasil). Y a eso le suma múltiples periplos de la Secretaria de Estado Hillary Clinton, el Vicepresidente Joe Biden y de más figuras de la administración.
Algo, además, que está dejando claro este mes cuando aparte de visitar Cartagena, recibirá en Washington a los presidente Felipe Calderón, de México y Dilma Rousseff, de Brasil.
Para Feeley, si las relaciones han cambiado es por que Estados Unidos ya no opera como un ¨proconsul¨ que va imponiendo su designio sino como un socio que quiere trabajar en temas que son de mutuo interés como energía, tecnología, seguridad, medio ambiente, educación, comercio y prevención de desastres naturales.
Una región, dice, que está unida por problemas comunes y cuyas respuestas solo llegarán a través de la cooperación.
Para Harriet Babbitt, ex embajadora de Estados Unidos ante la OEA, si bien la relación se ha ido transformando, se trata -como dice Feeley-, de dos mundos que se necesitan mutuamente.
Y quizá por ello, anota Hakim, la Cumbre, con todo y las críticas que se ventilarán contra Obama, no será tan controvertida como aparenta.
"Washington sigue siendo y será muy importante para América Latina dado el tamaño de su economía y los flujos de inversión. Eso no lo puede ocultar nadie y es algo que pesa en las relaciones", anota el analista.
Obama, además, siguen siendo muy popular en la región y estará rodeados de amigos y aliados, como Colombia, México, países de Centro América, y una Rousseff mucho menos antagonista que Lula da Silva.
Y por otro factor que va en el trasfondo pero que es muy relevante: si Obama es reemplazado en noviembre por un republicano, los temas por donde gravita el interés -Cuba, drogas, reforma migratoria- pasarían de la nevera al congelador.
En otras palabras, debilitar a Obama no parece buen negocio para los líderes de la región.
Aún así, lo ya recorrido es difícil de desandar. Y en la Cumbre ese nuevo camino quedará en evidencia.
SERGIO GÓMEZ MASERI
Corresponsal de EL TIEMPO
Washington