Por: REDACCIÓN ELTIEMPO.COM | 10:23 p.m. | 24 de Julio del 2012
Es indudable que España enamora a más de uno. Tanto así que, ante la crisis, muchos colombianos han decidido ponerle pecho antes que salir de allí.
Así le sucedió a Cristina Borda, una diseñadora de interiores que llegó a Barcelona hace dos años para hacer una maestría. Nunca tuvo intenciones de quedarse hasta que, después de unos días de vivir allí, descubrió una ciudad llena de encanto que la deslumbró por el calor de su gente y la calidad de vida que le ofreció.
Esta Maestra en Producto pasó hojas de vida que nunca llegaron a buen término, y resolvió hacerle frente a la crisis trabajando de vendedora en una tienda de artesanías asiáticas y africanas, en la que asegura, nadie se atreve a entrar por lo lujosa y costosa en un momento en el que la mayoría solo piensa en satisfacer sus necesidades básicas.
Sin embargo, Cristina ha decidido ser una subempleada más en España como, según ella, lo sería en Colombia. Con 400 euros al mes (unos 900 mil pesos colombianos) se defiende para vivir, aunque afirma que le ha tocado echar mano de sus ahorros porque su mensualidad no es suficiente para sostenerse. Y así lo hará hasta que ya no tenga de donde sacar.
Cristina Vahos, otra colombiana que llegó a España hace ya diez años piensa que no es hora de retornar: "prefiero pasar hambre aquí que allá", dice aunque añade que tiene el corazón dividido entre su país de origen y el que la acogió.
Esta paisa que ya tiene más acento ibérico, llegó a España en época de prosperidad: "Te faltaban manos para coger los trabajos y escogías lo que quisieras", recuerda emocionada.
En ese tiempo llegó sola a buscar un futuro mejor para ella y su familia. Se empleó en el campo de la hostelería y pudo llevar, unos años más tarde, a su esposo y sus dos hijos a vivir con ella, como sucedió con muchas otras familias colombianas que lograron la reagrupación luego de que algún miembro hubiese vivido por más de un año en ese país.
Cristina y su familia subsisten con 860 euros que gana su marido en un trabajo estable y lo que suma ella de vez en cuando cuidando niños o limpiando pisos. La crisis ha hecho mella en sus finanzas. Tanto que se vio obligada ha dejar de pagar la cuota de un apartamento que había adquirido en época de bonanza, cuando las cosas pintaban tan bien que no pareciese que fueran a estallar nunca.
Así también le sucedió a Ricardo Martínez, un zipaquireño que se fue a probar suerte hace más de diez años a España. Se empleó fácilmente en el mismo oficio de soldador que ejerció en Colombia y era bien remunerado.
Se acogió, igual que Cristina, a la reagrupación familiar, y recuerda con nostalgia el día en que llegaron su esposa y sus hijos a España: "yo ya tenía mi piso (apartamento) y mi coche (carro) y ellos, cuando vieron esto, no la creían que estaban en el país de las maravillas", cuenta.
A Ricardo lo deslumbraron los créditos a los que podía acceder para adquirir sus bienes a cuotas muy razonables. Con lo que nunca contó fue con la recesión. Se quedó sin trabajo y sin dinero para pagar sus deudas que ascienden a 68 mil euros.
Hoy, la esperanza que tiene aferrado a Ricardo en España es la temporada de la recolección de uva. Tiene experiencia en ese oficio y su expectativa es que lo contraten. Sin embargo, sabe que la situación empeorará en invierno que es "cuando más echan gente a la calle", dice.
Ricardo, aunque ama vivir en España, está seriamente pensando en empacar maletas para 2013.
Los tres escuchan noticias buenas de Colombia, sobre prosperidad económica y mayor seguridad, pero lo piensan dos veces antes de volver. "Si pones en una balanza las cosas buenas y las malas, te quedas donde están las mejores", afirma Cristina Vahos.
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